Editorial Nº2

El terror que supone el ciberacoso

Una edición más de Juventud y Diversidad, una nueva oportunidad de encuentro.

Y queremos aprovechar la ocasión para hablar de las bondades y los perjuicios a los que nos enfrentamos en este basto mundo de las nuevas tecnologías.

Cierto es que, gracias a ellas, podemos elaborar publicaciones como esta, alcanzando un público amplio con una inversión económica mucho menor a las publicaciones en papel, que no menor inversión en esfuerzo, ilusión, trabajo y ganas. Gracias a las nuevas tecnologías estamos conectados con todo el mundo a golpe de click, contamos con información llegada de todos los lugares del mundo, los trabajos más refutados de expertos están a nuestro alcance como nunca antes, las redes sociales han cambiado, en muchas ocasiones para bien, nuestra forma de relacionarnos, y así un largo etcétera.

Sin embargo, y como en todo, hay una cara negativa, o unas cuantas.

En esta ocasión nos queremos centrar en uno de los problemas más acuciantes y graves al que debemos, entre todos, poner solución. Nos referimos al ciberacoso, esa preocupante lacra que supone una extensión hasta el infinito de lo que, hasta ahora, hemos conocido como como acoso a secas o bulliyng. Hasta la llegada de las nuevas tecnologías y las redes sociales, todos teníamos un refugio más allá del centro educativo o la calle donde habitaban los acosadores. Había un lugar seguro libre de ellos y su inquina. Sin ánimo de quitar hierro al asunto, el acoso que se sufría quedaba en estos lugares. Sin embargo, hoy en día, las víctimas lo son las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana. Los acosadores no tienen descanso y hacen pasar verdaderas torturas a sus víctimas. Dentro del colectivo LGBTI, hay estudios que señalan que cerca del 75 por ciento de los chicos y chicas LGBTI ha sufrido acoso a través de las redes sociales. Una verdadera alarma social. Ya no hay espacios seguros y la falta de información o el silencio cómplice no hace sino agrandar esta perversa bola de nieve.

La punta del iceberg son los suicidios que salpican las informaciones de los medios de información cada cierto tiempo, lo que provoca una ola de indignación que se calma a los pocos días. Pero esas vidas perdidas jamás regresarán. Más allá de eso, sin llegar a este trágico extremo, lo cierto es que, hoy en día son muchos los chicos y chicas que sufren de ciberacoso provocando en ellos traumas, depresiones, aislamiento y mucho sufrimiento.

No podemos permitirlo, basta.

Está en la mano de todos acabar con esta terrible lacra. De todos los actores sociales: familiares, amigos, entorno educativo, de ocio, entidades públicas, etc.

Siempre nos enfocamos en las víctimas, pero también debemos hacerlo en los acosadores. Nadie quiere creer que tiene un acosador en casa, pero debemos revisar nuestras conductas, debemos hacer autocrítica y salir de nosotros mismos para ser espectadores de nuestros actos y ver si son o no los adecuados.

Tampoco debemos callar, si tenemos un amigo que sufre debemos, no solo ayudarlo, sino denunciarlo.

Hay que luchar, no podemos estar impasibles, si lo hacemos, “los malos” ganan.  

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