Editorial Nº3

Llega un año que tiene una grafía y un sonido fabulosos, nada menos que 2020.

Ojalá eso solo valiera para que nos llenáramos de buenos y justos deseos propios y compartidos. Pero lo cierto es que a un lunes le sigue un martes y al 31 de diciembre le sigue un 1 de enero y a este un 2, siempre hay una continuidad. Con la resaca de la última noche del año arrastramos las mismas historias que dejamos sin acabar el año anterior. Nos llenamos de promesas, de buenos presentimientos, de decir “este va a ser mi año”, pero esto se va diluyendo poco a poco conforme avanzan los días en el calendario y el nuevo año pronto será ya viejo.

Intentemos que, por una vez, esto no sea irremediablemente así, que algo quede, que logremos comprometernos con algo de verdad. Y si ese compromiso abarca algo más que nuestro propio beneficio, mejor que mejor.

Intentemos, por una vez, que lo que es bueno para nosotros, lo sea para todos.

Intentemos, por una vez, que nuestros deseos sean por una sociedad más justa, más igualitaria, más respetuosa. En definitiva, una humanidad mejor.

Dejemos de pensar que un grano de arena no hace una gran montaña, que nuestros pequeños gestos no pueden mover el mundo, que nuestros actos individuales no se traducen en un bien social.

No, tengamos claro que pequeños gestos de pequeñas personas hacen algo grande, hacen grandes hazañas y hacen grandes a las personas.

Son muchos los retos que se nos presentan.

Ahora el medioambiente es una causa que no podemos dejar solo en manos de una juventud “protestona”, porque nos va la vida en ello, la de todos.

Ahora el feminismo no es cosa de mujeres “enfadadas”, es una causa tremendamente justa que pretende acabar con siglos de desigualdad y sufrimiento.

Ahora la diversidad no es cosa de “excéntricos”, sino que es la constatación de que el mundo y las personas estamos llenas de matices, de colores, de todo lo bueno.

Ahora la política no es cosa de “políticos”, sino que nos atañe a todos, las decisiones que se toman se deben tomar por y para todos.

Ahora el animalismo no es asunto de “locos por los animales”, sino de gentes que no se creen mejores por ser de una determinada especie para abusar de las otras.

Y así con cientos de causas que son patrimonio de todos.

Aprovechemos este año que comienza, este 2020 que tan bonito resulta de escribir y decir.

Abracemos este año como el momento en que decidimos comenzar o seguir luchando por lo que merece la pena. Y, por regla general y universal, lo que merece la pena nunca nos atañe a nosotros solos como entes individuales. Lo que realmente merece la pena es lo que beneficia a la sociedad en su conjunto.

Así debe escribirse la historia.

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