La asignatura pendiente que tenemos en conocer la diversidad sexual

Los jóvenes andaluces son cada vez más abiertos y respetuosos, sin embargo, los datos corroboran que la mitad de ellos ha presenciado algún acto de homofobia en su entorno

El desconocimiento de la diversidad sexual hace que aún perduren tópicos falsos como pensar que el colectivo LGBTI es más promiscuo y que tiene más posibilidades de contraer una ETS

Muchos jóvenes afirman que la homosexualidad no es algo natural cuando lo cierto es que hay cientos de especies en la naturaleza que tienen conductas homosexuales. Lo que no es natural es la lgtbifobia, somos la única especie que lo es

“Aún hay muchos jóvenes que creen que las parejas homosexuales no deberían criar hijos, poniendo por encima una determinada orientación sobre el cariño o la protección que esos hijos puedan tener”

“Muchos saben tan poco de diversidad sexual o de sexualidad a secas, que creen que en una pareja homosexual uno miembro hace de hombre y otro de mujer”

La diversidad sexual no es otra cosa que la constatación de que la sociedad es rica, llena de aristas, heterogénea y, ante todo y tal y como constata la palabra, es diversa. No hay dos personas iguales y así debe ser. Aunque compartamos costumbres, folklore, educación o cultura, lo cierto es que cada persona tiene sus propias vivencias y pensamientos, maneras diferentes de procesar las experiencias, nuestros propios gustos, nuestras propias creencias… En definitiva, cada uno tenemos nuestra forma de ser y existir.

Sin embargo, en temas que abarcan la sexualidad humana, tan compleja, vemos que aún nos enfrentamos a muchos tópicos y estereotipos que intentan encajarnos a todos en un mismo patrón. Y es una tarea imposible, además de castradora.

Tendemos a poner etiquetas para ordenar el mundo y, aunque llegará el día en que no sean necesarias, aún nos valen para poner de relieve el sin fin de identidades y orientaciones que pueden tener las personas.

Así, existen personas heterosexuales, homosexuales, bisexuales, pansexuales, sapiosexuales, asexuales, etc… Al igual que hay personas trans o cis, o dependiendo de la identidad sexual con la que se sientan identificados. Es más, hay personas intersexuales, cuya propia naturaleza les constata que no pertenecen de lleno a un sexo biológico o a otro.

Con esta pequeña introducción queremos poner de relieve esa diversidad sexual de la que hablamos y que no tiene absolutamente nada de malo, todo lo contrario: es fantástico vivir en un mundo tan lleno de matices. Sin embargo, lejos de predicar el vive y deja vivir, en vez de tener en cuenta valores humanos como la bondad, el amor, la generosidad o el respeto, ponemos por encima de todo una cierta parte de nuestro ser, como es la sexualidad, para ver un todo, rechazamos a las personas por el simple hecho de creer que no encajan en el patrón “normal”, confundiéndolo muchas veces con lo mayoritario.

Así lo sigue constatando el II Informe sobre conocimiento de la diversidad sexual y la lgtbifobia entre los jóvenes andaluces elaborado por el Observatorio Andaluz contra la Homofobia, Bifobia y Transfobia, cuyos datos estadísticos, basados en cerca de seis mil encuestas anónimas a adolescentes de entre 12 y 18 años, arrojan realidades todavía poco alagüeñas sobre la discriminación imperante hacia el colectivo LGBTI.

Los cuestionarios han arrojado que, en pleno 2019 aún la mitad de nuestros jóvenes han presenciado algún acto de lgtbifobia en su entorno, ya sea en forma de insulto, acoso o agresión. Si a esto le unimos que hay un tercio de los chicos y chicas que no saben lo que son la homofobia o la transfobia, nos lleva a pensar que los casos que presencian son muchos más pero que no saben identificarlos como tales.

Otro de los topicazos que aún persisten es el creer que las personas al colectivo LGBTI son más promiscuas, algo que piensan más del 15% de los encuestados. Así que nos encontramos ante un dato en el que no hemos logrado avanzar nada, incluso ha experimentado una ligera subida. Al hilo de la valoración de la promiscuidad, más preocupados nos deja aún el ver como hay un 27,63% de jóvenes que señalan que el colectivo homosexual o transexual tienen más posibilidades de contraer infecciones de transmisión sexual -ITS-. En el informe 2017/2018 este porcentaje era de 26,49%, por lo tanto, seguimos observando que más de un cuarto de la población juvenil piensa que la homosexualidad o la transexualidad es un motivo importante para tener más “papeletas” a la hora de contraer una infección asociada al sexo sin protección.

En este punto es destacable que no se vea el problema en una falta de educación sexual o, incluso, en un problema de discriminación laboral, social y afectiva hacia el colectivo, especialmente el transexual, abocado en muchas ocasiones a la prostitución. Volvemos a lo mismo, si bien numerosos estudios sanitarios advierten de que las ITS alcanzan a toda la población sexualmente activa y que se debe a no practicar sexo seguro, vemos que hay un altísimo porcentaje de chicos y chicas en los que aún perdura la idea de que tener una determinada orientación sexual te hace más proclive a contraer estas enfermedades. Una falacia que aún se perpetua y se transmite.

Como ya advertimos, sin lugar a dudas es terrible que aún haya un porcentaje tan alto de chicos y chicas que crean que la orientación de su educador puede ser algo negativo o pueda influir de manera incorrecta en ellos y en la educación que reciben. De nuevo vemos que las capacidades y aptitudes de la persona quedan reducidas a una parte de ellas, a pensar que el hecho de pertenecer a un colectivo -que además no se elige- pueda menoscabar algo tan importante como es el derecho a una educación justa, veraz y objetiva.

Siguiendo temas en los que intentamos poner negro sobre blanco en problema de homofobia y transfobia aún imperante entre nuestros adolescentes, cabe señalar que el 19,93% piensan que la homosexualidad se puede corregir o curar, lo que se traduce en que aún hay una quinta parte de la población joven que creen que es una enfermedad, contradiciendo y cuadruplicando el porcentaje cercano al cinco por ciento que afirmaba que era una enfermedad, tal y como hemos visto más arriba

Si bien en este asunto debemos señalar que se ha producido un cambio de formulación con respecto a la anterior encuesta, en la que la pregunta era “¿Crees que la homosexualidad se puede cambiar? A la que los jóvenes respondían de modo afirmativo en el 53,09% de los casos. Vimos aquí que había muchos jóvenes que o bien no entendían la pregunta o que la veían como algo normal y positivo, es decir, que hay libertad para cambiar de orientación sexual y que al igual que hay personas que siendo heterosexuales (o creyéndolo) han pasado a ser homosexuales, algo parecido podría pasar a la inversa. En definitiva, en esta pregunta hay chicos y chicas que lo entienden o que lo ven como diferentes etapas en las que se puede pasar en la vida.

Por tanto, dado que nuestra intención es ver la parte negativa en las respuestas, decidimos reformular la pregunta, tal y como hemos hecho. De este modo el porcentaje cae en picado, si bien, no olvidemos que estamos hablando de que cerca del 20% de los adolescentes creen que la orientación sexual homosexual se puede “corregir” o “curar”.

No vamos a extendernos en más datos, tan sólo un último apunte, hemos dejado para el final una de las preguntas que más nos siguen preocupando por los resultados de las respuestas. Ante la cuestión de si las personas homosexuales tienen derecho a expresar su afectividad en público, vemos alarmados como el 9,47% de los encuestados opina que no, que no tienen derecho y que no deberían hacerlo, nada menos que diez de cada cien. Este porcentaje ha aumentado también, dado que el año pasado era del 7,99%. Volvemos a decir una vez más que, si bien hay más de un 90% que cree lo contrario, es muy preocupante que casi diez de cada cien jóvenes crean que no es de rigor que dos chicas se besen o que dos chicos vayan de la mano, mientras que no ven ningún problema si hablamos de parejas mujer-hombre. Vemos que este gran problema se traduce en muchas ocasiones, como tristemente asistimos demasiado a menudo, como pareja del mismo sexo son agredidas precisamente por expresar su afectividad, abocando a estas parejas a la “clandestinidad” e intimidad de espacios donde se sientan seguros y no puedan ser vistos por miedo a estas agresiones homofóbicas.

Visto lo visto, aún queda mucho trabajo por hacer y muchos prejuicios y tópicos por los que debemos seguir luchando. En cualquier caso, y para no acabar con mal sabor de boca pero sí constatando la realidad en la que nos movemos y en la que están inmersos nuestros jóvenes, sí queremos finalizar señalando que, si bien hay un diez por ciento de alumnos que cree que tener un profesor homosexual es nocivo, hay un 90% que no. Si bien hay un 20% de chicos y chicas que creen que la homosexualidad o la transexualidad se puede curar, hay un 80% que no. Y así con todo, por lo tanto, claro que hay lgtbifobia en la sociedad y en los jóvenes, negar eso es negar la evidencia. Pero hay mucha esperanza en las nuevas generaciones que vienen pisando fuerte, que son cada día más abiertas y respetuosas. En definitiva, más diversas. Sigamos trabajando todos para que esos datos negativos se conviertan en un cero por ciento rotundo. Para que la sociedad sea 100% como debe ser.

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